Cada uno de nosotros si hemos emprendido concienzudamente el viaje hacia nuestro interior de la mano de Jesús, podemos llegar a conocer (al menos parcialmente) cual es nuestro talón de Aquiles o, dicho de otro modo, aquél lugar por donde el “mal espíritu” se nos cuela hasta hacernos trastabillar.
San Ignacio nos advierte sobre la lucha que se libra en nuestro interior. Los ejercicios espirituales nos van enseñando a distinguir qué espíritu nos mueve, el bueno o el malo, para poder discernir conforme al espíritu de Dios. Aprender a reconocer con que tretas o argumentos nos induce el mal espíritu para poder “rechazarlo”, y cuáles son las mociones del buen espíritu, para poder “recibirlas”.
Siempre, o al menos la mayor parte de las veces, será ese talón de Aquiles, el lugar por donde el enemigo de la naturaleza humana (otro término que usa Ignacio para llamar al mal) intentará desviarnos del camino hacia Dios.
Por eso es bueno reflexionar por dónde crees que el mal espíritu se cuela en tu vida. ¿Será acaso por tus deseos desmedidos de éxito y de reconocimiento? ¿Será tu flojera, tu ánimo pesimista, tu soberbia?
Como podrás ver, discernir no es nada fácil. Tampoco es elegir entre algo bueno o algo mal. Se trata de elegir entre dos cosas buenas, la “mejor”, siendo permeables a la voluntad de Dios…
Pidamos la gracia de conocer los engaños y tretas del enemigo y elegir siempre conforme al Señor. Dejarnos guiar por el Espíritu (en realidad “la" Espíritu, pues la Ruah que es el soplo de Dios, es femenino) que siempre nos coloca al servicio del Reino y de su justicia.
@Ale Vallina

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